Un café en Filandia.

Si hay algo que me encanta del Eje Cafetero es el turismo rural del cual, podría decirse, es el abanderado en el país. Desde Pereira, no hay que viajar muy lejos para disfrutar de una tarde amena en uno de los muchos pueblos cafeteros de la zona y, ademas, tampoco es necesario planear mucho el viaje, solo es cuestión de tener una excusa: almorzar, pasear o tomar un café y listo! Escogemos el destino deseado y allí estamos. 

En nuestro caso, el destino que más nos atrae es Filandia, tal vez, porque  ofrece todo lo que  pueda encontrarse en Salento, localidad  conocida por su arquitectura, naturaleza, comida típica, etcétera, pero de una forma mas tranquila. En Filandia hay turismo, pero no  la cantidad de gente que se encuentra en Salento durante los fines de semana. Así que , si como a mi, la multitud de gente te abruma, Filandia es una buena opción.

En la crónica de nuestros viajes por los pueblos del Quindío, les había hablado de Filandia. Hoy, quiero compartirles momentos de la ultima "subida" a la Colina iluminada, como es conocido este hermoso pueblo cafetero, el cual, además, posee el privilegio de ser  cuna de la cestería. En junio, celebró sus  XVII Fiestas del Canasto, las cuales disfrutamos sin tenerlo en nuestros planes, haciendo de esta visita algo muy especial. 💓

Llegamos pasado el mediodía  y, mientras muchos estaban por la labor de almorzar abarrotando los diversos restaurantes,  nos dedicamos a caminar por las calles disfrutando de la decoración de los balcones en alegoría a las fiestas. He ido en numerosas ocasiones  a Filandia y, sus balcones, siempre hermosos, ese fin de semana estaban de infarto.
 

Ademas de la  decoración,  pudimos disfrutar de la labor de los artesanos que, dando muestra de su saber en el oficio de la cestería, ofrecían su arte en numerosos y atractivos puestos de venta.  En nuestro callejear descubrimos el museo Casa de los Abuelos.  Se trata de una casa típica decorada al igual que en los tiempos de nuestros abuelos; allí, encontramos antiguos instrumentos de labor que nos permiten imaginar como era la vida en otros tiempos; este pequeño museo, asimismo, cuenta con  una colección de pinturas de la artista Olga de Chica, nacida en Filandia. Lamentablemente, dudo  que este lugar aparezca en las guías turísticas, por fortuna existe y merece una visita. 



Después de andar calle arriba y abajo tomando fotos, nos dispusimos a buscar un lugar donde sentarnos a tomar un café, era el motivo de nuestra excursión. En una de las esquinas de la plaza principal, llamando mi atención por la circunstancia de que ofreciera algo diferente al café, me tope con el Hostal Janh- Salon de Té.  Lógicamente, hacia él nos dirigimos. En este encantador establecimiento, aparte de diferentes bebidas aromáticas, también sirven café, estamos en el Eje cafetero.  Mientras lo saboreamos, a través de la decoración del lugar, retrocedimos en el tiempo imaginando cómo seria la vida en un marco similar. Altos y primorosamente decorados techos,   puertas  y ventanas plenas de figuras en luminosos colores que, con solo mirarlas,  alegran la vida. Escuchar el eco de nuestros pasos sobre el suelo de madera mientras nos dirigimos a uno de los balcones le da al tiempo una dimensión desconocida, tal vez añorada de esa paz que, con toda seguridad, contemplando el amanecer mientras saboreaban las notas de un buen café, nuestros ancestros disfrutaron,  o quizá viendo caer, sin prisa alguna, aquellas tranquilas tardes. Por ultimo, aprovechamos para echar una miradita al hostal, y antojarnos de regresar otro día  a pasar una noche y ser los protagonistas de todo aquello que imaginamos en aquel salón, en torno a una taza de café.


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