Yopal al son de cuatro, arpa y maracas.

En medio de la polémica del SI y del NO por los acuerdos de paz, subyacen otras noticias que muestran al mundo el abandono en el que viven  capitales de nuestro país como Yopal;  una ciudad que lleva años sin un acueducto porque la infraestructura del que había se vino abajo, a la cual hay que sumarle ahora que gracias a la imprudencia de unos cuantos quedo prácticamente incomunicada, que para variar su alcalde electo Jhon “Calzones” celebra fiestas en la cárcel donde está recluido por no sé qué líos;  donde,  si la corrupción no es escaza la inseguridad tampoco, y por último, el sistema de recolección de basura está colapsado. Francamente, con todo lo anterior creo que lo único que  falta es que Electricaribe tome la administración de la energía del Casanare para poder apreciar cómo sin pausa pero sin prisa una ciudad, capital de departamento se desvanece inmersa en un maremoto de circunstancias resultados de años y años de despilfarros en medio de la bonanza petrolera y la corrupción imperante en nuestra querida Colombia.

Como saben este espacio es para hablar de lo bueno y de lo no tan bueno, así que dicho lo anterior considero que también es mi deber contarles que Yopal  a pesar de los males que lo aquejan,  merece ser conocido más allá de las noticias,  porque aun si agua potable se puede pasar por aquí y disfrutar de unos días inolvidables. Así que aquí les comparto  lo que fue mi primera visita a la tierra de la mamona, el joropo y el coleo.

Después de una caja, guacharaca y acordeón, hay otro conjunto musical que me pone a latir el corazón: un cuatro con arpa y maracas. Tal vez fue el intro de la Potra Zaina todos los días a las 8 de la noche el que me conecto con estos sonidos, lo cierto es que me encanta la música llanera y así como mi canción favorita Predestinación; por cosas de la vida parte de mi familia se ha radicado en esta región mágica de nuestro país: Los llanos orientales




Luego de mucho aplazar y aplazar el viaje a los llanos, el año pasado  quedo agendado no solo la visita sino un compromiso ineludible al que no podía faltar, el bautizo de mi ahijado llanerito. Llegaron las anheladas vacaciones, y allí estaba yo, contando los días para iniciar la aventura de viajar desde Pereira hasta Yopal en moto, nueva por cierto, una Suzuki Freewind 650,más grande, más cómoda y más apta para este tipo de travesías; mirando en internet cual era el clima, lugares de interés, curioseando datos de la carretera,  si habían muchas curvas así como la altimetría, y en conclusión feliz, empacando maletas  con todo lo estrictamente necesario (en la moto el espacio es oro) para nuestro  viaje.

Sobreviviendo al Alto de la línea
Llego el día, coincidió justo con mi cumpleaños, sábado 16 de mayo y no podía estar más contenta con mi regalo. Salimos de Pereira a las 5:30 am, debido al fenómeno del niño pese a que mayo es un mes lluvioso, los primeros 15 días  exactos del mes no llovió, y contábamos  con que el clima mantendría esa tendencia, pero no fue así. A partir de Calarcá-Quindío empezó a lloviznar  y de repente en pleno ascenso del Alto de la línea cual nube que se hubiera posado sobre nosotros nos acompañó un torrencial  aguacero  que apenas nos permitía avanzar en medio de la neblina espesa; así fue todo el camino hasta el descenso a Cajamarca-Tolima, donde llegamos media hora después de lo previsto y donde afortunadamente ya había dejado de llover.

Seguimos hacia Bogotá, la siguiente parada de la ruta que en ese primer día tenía como destino Aguazul-Casanare, lugar donde haríamos noche. Pero el aguacero imprevisto dio las primeras campanadas que indicaban que lo planeado tendría que ser ajustado. Llegamos a Bogotá a las 11:30 am, allí tendríamos que hacer una parada técnica durante  dos horas,  tiempo en el cual arreglarían el GPS, mientras tanto aprovecharíamos para almorzar. Pero como dice la canción, y nos dieron las 10 y las 11, las 12, la 1, las 2 y las tres de la tarde y no había razón del GPS, hasta que a las 3:30 pm  y luego de mucho insistir  el técnico nos indicó que no  alcanzaba a entregar el equipo ese mismo día y que la opción que nos ofrecía era enviarlo el lunes por correo al lugar donde estuviéramos. Ante tal situación y a sabiendas que debíamos llegar a Yopal el domingo, partimos, aun con el riesgo de no volver a ver el GPS.

La Vía al Llano y los túneles.
Inmersos en Bogotá, sin GPS  y con el tiempo a cuestas nos dimos a la tarea de buscar la Vía al Llano, preguntamos a tres personas como llegar y todas nos dijeron los mismo, “la vía al llano, si claro, siga por ahí derecho” en el derecho quedamos enredados en un trancón y por ultimo cuando ya estaba a punto de bajarme y hacer huelga, preguntamos a un señor en un semáforo que nos dio la misma respuesta de los tres anteriores, pero unos muchachos en una moto nos escucharon y salieron a muestro rescate, desde la moto nos gritaron que ellos iban para Villavicencio que los siguiéramos y nos sacaban de Bogotá, no se imaginan la emoción que sentí, definitivamente los ángeles  existen.

Estando a las afueras de Bogotá, paramos en una cafetería, Mr. Chente se tomó un café mientras yo tomaba aire a bocanadas para aplacar el incendio de mal genio que me estaba carcomiendo, al final salimos de Bogotá a las 5:45 pm rumbo a “Aguazul”. Todas las condiciones estaban dadas para que llegáramos a cualquier lado menos al destino planeado para esa primera noche: fin de semana con puente, la vía al llamo se encontraba bastante transitada , en los túneles el transito se ralentizaba aún más y al pasar  por los pueblos  el trancón se hacía mayor ya que los coches se detenían a comprar a los vendedores ambulantes ubicados en las laderas de la vía ocasionando la detención total tráfico; pero poco a poco nos fuimos colando y logramos avanzar así que  de repente nos vimos otra vez en la vía a toda marcha; nos la prometíamos felices al ritmo que íbamos que pensamos que llegaríamos por lo menos a Villavicencio hasta que, hasta que, tenía que haber un hasta que,  un policía de carreteras nos detuvo para darnos una maravillosa noticia: el ultimo túnel hacia Villavicencio lo suelen cerrar a partir de las 6:00 pm por motivos de seguridad debido a la emisión de gases y para completar la ruta alterna la habíamos dejado atrás, por lo cual tocaba devolverse y tomar un desvió hacia la antigua carretera que bordea la montaña para llegar a Villavicencio.

Llegamos a Villao
8:30 pm, cansados y agotados llegamos a Villavicencio, yo apostaba por quedarnos allí a dormir mientras  Mr. Chente como siempre contrario a mi voluntad  insistía en seguir hasta el próximo pueblo: Cumaral, alegando dos razones a las que razón no les faltaba, primero que al ser fin de semana con lunes festivo y por el tráfico que vimos en la carretera, Villavicencio estaba lleno. Y segundo que desde la entrada de Villavicencio donde estábamos hasta la zona hotelera demoraríamos en llegar y tal vez nos perderíamos ya que no  llevábamos GPS, por lo  que después de descansar 15 minutos  y asumir la frustrante idea de seguir viajando emprendimos el camino.
Afortunadamente la salida hacia Cumaral no fue para nada traumática, a unas cinco cuadras donde estábamos encontramos el camino  y llegamos a Cumaral en más o menos 15 minutos. A primera vista divisamos unos hoteles y cuando nos acercamos a preguntar la noche costaba la módica suma de 100.000, algo que se salía de nuestro presupuesto por lo que seguimos preguntando y llegamos al Hotel Palatino donde nos ofrecieron una habitación con ventilador por 50 mil pesos, esta demás decir que ahí nos alojamos.

La Moraleja
Teníamos que estar en Yopal el domingo 17 de agosto más tardar a las 10 am, así que  nos levantamos a las 4:00 am. En los arreglos para salir estábamos cuando de repente se escuchó un estruendo, me asome por la ventana y la escena me dejo sin palabras. Había llovido durante toda la noche así que  con la carretera mojada, un poco de velocidad y  una “pizca” de alcohol  el conductor de un carro perdió el control y fue a dar contra un poste de electricidad que estaba justo frente a la habitación donde pasamos la noche, afortunadamente y no sé cómo  el tipo reacciono en la escena del accidente,  y la policía se encargó de la situación, en tanto todos los huéspedes de los hoteles de alrededor , yo incluida y los vecinos del pueblo mirábamos expectante la escena (léase chismoseábamos).

Moraleja: si van de camino a alguna parte y tienen que alojarse en un hotel de carretera (los que están ubicados a lado y lado de la vía), por favor no se queden en las habitaciones que  están hacia la vía, porque solo cuando caí en cuenta de que si no hubiera sido por el poste y porque era un auto pequeño nos hubiéramos despertado con un carro dentro de la habitación me di cuenta del riesgo que corrimos, ¿qué tal si hubiera sido una tractomula? 

Después del susto, nos terminamos de arreglar, subimos todo a la moto y seguimos nuestro camino. Al salir del hotel alcance a ver cómo desde el amanecer empieza la faena  en los restaurantes donde preparan la típica Mamona, encendiendo el fuego y preparando los asadores, fue una imagen que no pude inmortalizar pero que llevo en mi mente, y con ella emprendí de nuevo el viaje deseando que no se presentaran más contratiempos.

En el fin del mundo.
Tenía la preocupación de que la vía estuviera llena de tractomulas, pero al ser domingo y al estar ya el tema de la baja del precio del petróleo solo se veía en algunos parqueaderos el montón de camiones de carga pesada aparcados.
El paisaje era ensoñador, la carretera firme y recta y la extensa y dorada llanura que nos rodeaba era una imagen de postal. Por momentos la sensación  de la carretera sola era como sentir que transitaba por la eternidad; luego al recordar mi compromiso la monotonía del paisaje me hacía sentir que no avanzábamos, y el desespero se adueñaba de mí. De repente desembocamos en una “Y” y sin GPS ni señalización,  no sabíamos por dónde seguir, una gran falencia de esta ruta es la ausencia de carteles de señalización. Afortunadamente había un restaurante donde preguntamos cual era la vía a Yopal y nos orientaron. Sentí un alivio inmenso al pensar que estábamos cerca, pero una vez más el desespero volvió al ver que rodábamos y rodábamos y no llegábamos, se me vino a la cabeza las palabras que dijo mi mama la primera vez que viajo a Yopal, cuándo le pregunte por qué demoraron tanto en llegar: “no mija si esto queda en el fin del mundo”, y la verdad es que si, así lo sentí.

El Yopal
En fin, luego de media hora más de carretera llegamos, no a Yopal sino a EL YOPAL como reza el letrero de bienvenida a la ciudad. Mi hermano nos esperaba para guiarnos hasta la casa, cambiarnos rápidamente e irnos volando para la Catedral a cumplir el compromiso sacramental, después nos fuimos a celebrar con la familia y por la noche a descansar plácidamente sin afanes ni angustias, habíamos llegado.

De El Yopal, además de lo dicho respecto a sus falencias, es preciso contarles que también hay muchas cosas por rescatar como su música, tradiciones y lugares para visitar. Ubicado en el pie de monte de la Cordillera Oriental, tiene una temperatura promedio de 26º que invita a pasear por sus calles. De su historia se conoce que  fue colonizado  por sus vecinos  los boyacenses,  antes de dicha conquista el territorio estaba ocupado por  indígenas Achaguas.  Si bien la  historia de su fundación data desde 1915, Yopal fue reconocido como municipio solo hasta el año 1942 y fue declarada como capital en el año 1973 cuando Casanare fue elevado a Intendencia, desligando el territorio de la administración del departamento de Boyacá. El nombre de la ciudad se lo debe al árbol maderable denominado Yopo vocablo indígena que significa corazón.

Aunque no tuvimos mucho tiempo para pasear por Yopal, alcance a ver el Parque del Resurgimiento, lugar de especial atención ya que en Diciembre cuando se celebran las fiestas de Yopal, este parque se convierte en el escenario en el que los habitantes de la ciudad y municipios aledaños se reúnen para asistir a presentaciones de músicos reconocidos en el marco del Festival Yopal Corazón Llanero. La programación de este evento incluye el coleo, una actividad que escenifica el trabajo del vaquero. Por obvias razones conocí la Catedral de San José
También visitamos algunos imperdibles que tiene  Yopal como lo es El Garcero, un lugar a las afueras de la ciudad donde las garzas al caer la tarde se posan en los árboles, son tantas que a la vista el verde desaparece y queda una mancha blanca que inunda toda la escena. 
Pudimos contemplar la majestuosa vista de Yopal y el rio Cravo Sur desde lo alto del Mirador Buenavista. En Yopal hay otro mirador muy popular y es el de La Virgen de Manare la patrona de los casanareños pero a este no pudimos subir debido a que la vía no es muy buena y realmente preferimos no aventurar. Y por último no podíamos despedirnos sin degustar la popular Carne a la llenera! ¿Qué les puedo decir? Sencillamente un delicia.
El Garcero

El Garcero


Yopal  desde el Mirador de Buenavista

Yopal  desde el Mirador de Buenavista

 Mirador de Buenavista

 Mirador de Buenavista
Y así concluimos nuestra estadía en Yopal, el corazón del llano;  y continuamos nuestro recorrido ya con GPS a bordo hacia un lugar que ni en sueños pensé visitar: Boyacá.


¿Quieren saber cómo nos fue?

Entradas populares