Un paraíso llamado Quindío

1845 kilómetros de extensión divididos en 12 municipios componen Quindío,el departamento más pequeño de  Colombia.Un destino turístico con una malla vial terciaria que invita a recorrer todas sus poblaciones las cuales se encuentran conectadas entre sí.
Han sido en total 4 viajes los que hemos hecho con una duración de 1 día cada uno ; 2 a destinos  puntuales y 2 recorridos a través de circuitos trazando una ruta por varios municipios, todos con un solo fin: conocer Quindío de punta a punta.  Por Armenia, su capital también pasamos pero esa será una experiencia  que les compartiré en otro post  ;-)

El primer viaje  fue a  Salento, ubicado al costado de la  autopista del café entre Armenia y Pereira. Destino turístico del departamento por excelencia  reconocido  por  ser el municipio más antiguo del Quindío y conservar una espléndida  muestra arquitectónica de la colonización antioqueña; es paso obligado  hacia el Valle del Cocora, cuna de la palma de cera declarada árbol nacional en 1985, y tiene un acceso al Parque Nacional los Nevados, con todo lo anterior esta de sobra decir que  a Salento hay que venir sí o sí.
Entrar al pueblo y ver sus casas pintorescas fue una experiencia maravillosa, nunca antes había visto tal colorido, parecía la ciudad de dulces de Hansel y Gretel. Paseamos por  las calles alrededor de la plaza principal y al final de la Calle Real, encontramos unas  escaleras empinadas  que conducen a una loma desde la cual se puede ver el pueblo,  después  de subir  los 253 escalones que tienen en sus descansos escenas del vía crucis (en los cuales me entretuve para no mirar atrás porque entre el susto de caerme y ver que poco a poco la sensación de altura aumentaba, me  dieron ganas de volver sobre mis pasos) llegamos a lo alto donde tomamos un canelazo para el frio. Por un caminito ubicado en esta loma  se llega  al Alto de la Cruz, un mirador que nos permite apreciar el esplendor del Valle del Cocora, por ultimo tomamos un café en un billar ubicado en la Calle Real, jugamos una partida en la que obviamente perdí, y regresamos a Pereira.

El segundo recorrido empezó en Filandia, también ubicado  en la vía Pereira - Armenia, este hermoso lugar nos deleita con la belleza de  las fachadas de la Calle del Tiempo Detenido,  donde se encuentran tiendas de artesanías y restaurantes, y al final de la misma el Mirador de la Chapolera nos obsequió unas vistas maravillosas. Aquí se erige también el Mirador Colina Iluminada, el más turístico y atractivo, desde donde se divisan  municipios del norte de Valle del Cauca, Risaralda y Quindío. Después del pequeño paseo no podía faltar un buen café en el pueblo que fue escenario  de la novela que mostró a nuestro país la belleza de esta zona: Café con aroma de mujer.

Seguimos camino a Circasia y llegamos a un punto de información turística en la plaza principal, el encargado nos obsequió  una guía del departamento  (que me ha sido muy útil) y nos invitó a visitar el mirador turístico del pueblo, pero el mal tiempo apremio y nos atrapo un aguacero así que  aquí solo pudimos aprovechar el tiempo para almorzar y nada más. Un atractivo turístico muy particular de este municipio  es el  Cementerio Libre, sí, el cementerio; un camposanto con una historia enmarcada en el contexto de la guerra bipartidista que vivió Colombia, en el cual eran enterrados los libre pensadores en una época de predominio político conservador, y todos aquellos que no eran aceptados en el cementerio católico, como suicidas, apostatas y parejas de unión libre.
Nos dirigimos a Montenegro,  municipio de referencia hacia el ingreso al Parque nacional del Café icono de la región, el cual ha hecho un aporte considerable al desarrollo turístico del Eje Cafetero;  echamos un vistazo a la iglesia y luego tomamos otro café en el balcón del Café Salome  en el marco de la plaza principal. El encanto de Montenegro son sus alrededores, en la vía que tomamos desde Circasia pudimos observar la gran oferta turística de fincas- hoteles, sin duda un buen plan para relajarse y desconectarse del ruido de la ciudad es pasar un fin de semana en alguno de estos hoteles cafeteros.
Eran casi las 5 de la tarde y aun nos esperaba nuestro destino y motivo principal del viaje: Quimbaya, tierra de luz. Pueblo de ancestros precolombinos cuyo nombre de por si evoca algo familiar: El Poporo Quimbaya, esa figura icónica que todos reconocemos  y que se exhibe en el Museo del Oro de Bogotá como una muestra representativa de la cultura que lleva el mismo nombre.   El objetivo de la visita era disfrutar del Festival de Luces y Faroles que se celebra cada 7 y 8 de Diciembre.
A la entrada, nos recibió un mural en piedra labrada con símbolos precolombinos y  un trancón monumental. Los parqueaderos estaban llenos y las calles abarrotadas de gente, pero valió la pena  la travesía para disfrutar de una noche llena de creatividad y cultura al observar los arreglos de luces que ocupaban cuadra tras cuadra y degustar del tercer café del día, el cual hasta la fecha puedo decir es el mejor café que me he tomado, suave, sin azúcar como se bebe un buen café y exquisito cual almíbar que se derrite en la boca. En las cercanías se encuentran el Parque Temático Cultural los Arrieros, donde se recrea la gesta colonizadora y Panaca (Parque Nacional de la Cultura Agropecuaria), dos lugares que se suman a la lista de los sitios imperdibles si vienes al Quindío.

Calarcá, la Villa del Cacique, nuestro tercer destino; habíamos pasado por la circunvalación rumbo a Bogotá pero no conocíamos la segunda ciudad del departamento, ubicada a solo cinco minutos de Armenia. Esperábamos más del lugar pero nos fuimos de bruces con la triste realidad de espacios en el centro de la ciudad  ocupados por edificios que nada tienen que ver con la típica arquitectura de la región, todo ello debido al terremoto que sacudió la zona del eje Cafetero el lunes 25 de enero de 1999; aun así en las calles aledañas encontramos algunas casas  típicas ocupadas por  pequeños negocios y otras que al parecer siguen habitadas por las familias de toda la vida.  Sin embargo, Calarcá, la ciudad escenario del Reinado Nacional del Café  nos invita a disfrutar de lugares maravillosos  como el Mariposario o RECUCA,  un parque temático que convierte a sus visitantes en caficultores durante un recorrido por la cultura cafetera desde el grano hasta la taza.

Concluimos nuestra aventura llegando hasta el sur del departamento. El viaje empezó con un buen café en Córdoba,  un pueblo cuya  iglesia asentada en una loma  parece un mirador, tanto así que Mr Chente tuvo la iniciativa de subir por las escaleras que conducen al campanario, y el párroco al vernos la pinta de exploradores inmediatamente nos abordó y aclaro que a la iglesia “mirador” aún le falta la ventana  hacia la plaza, así que a mi querido esposo no le quedó otra que devolverse a mitad del camino. Córdoba es un municipio  acogedor que invita  tomarse un café en la plaza principal a la sombra de los árboles y el arrullo de la brisa.  

Pese a no ser muy grande, gratamente y para nuestra sorpresa, encontramos un punto de información turística donde nos mostraron todos los planes de los que se puede disfrutar, como visitar la Cascada de Rio Verde,  o el Alto de los Carniceros en la vía que de Córdoba conduce a Pijao muestro siguiente destino.
Por la carretera intermunicipal, el camino estrecho y lleno de vegetación me hacia pensar por un momento que iba de expedición en medio de la jungla, sabía que empezábamos a subir msms pero no imagine que tantos hasta que llegamos a el Alto de los Carniceros, donde hubiera querido que los carniceros hicieran trizas mi miedos.
Resulta que los puentes y yo no somos compatibles, y en dicho alto hay un puente desde donde se tiene la mejor vista del horizonte y también del vacío que atraviesa el puente. Nos bajamos de la moto a tomar fotos,  y al momento que me pare al lado de la baranda sentí que el suelo se desvanecía bajo mis pies, temblaba del susto y antes de que Mr Chente pudiera decirme si la foto había quedado bien huí del lugar más de prisa que el correcaminos, con eso les digo todo.
Llegamos a Pijao, una vez más el encanto de las fachadas de las casas de colores nos recibió y al levantar la vista el verdor de las montañas que rodean el pueblo  cual paisaje de ensueño  me robó el aliento.
Aquí se nos fue el tiempo entretenidos en las instalaciones de la alcaldía, una casa típica donde se exhibe una muestra de piezas precolombinas pertenecientes a la cultura de Los Pijaos, además de una galería fotográfica de personajes ilustres que han pasado por este lugar.
En el restaurante donde  almorzamos coincidimos con una pareja que también estaba de paseo por  las poblaciones del Quindío y nos comentó un poco de sus impresiones sobre el siguiente municipio  que visitaríamos, Buenavista, para ellos eran dos calles, para mí fue: un paseo por las nubes.
Mientras subíamos por la carretera empinada solo pensaba: Buenavista, seguro que no hay un municipio  de Colombia que tenga el nombre tan bien puesto. Llegar a este pueblo, es coronar una de las cimas de la cordillera Central y tener la panorámica de Sevilla y Caicedonía en el Valle del Cauca, así como  Córdoba en Quindío.  Nos sentamos en una de las esquinas de la plaza del pueblo a tomar un helado, la curiosidad me atrajo y me asome por la calle aledaña de la heladería la cual  termina en una ladera que al final hace las veces de  balcón  desde donde se aprecian los sembrados de café y plátano, un paisaje de infarto,especialmente para mi no solo por su belleza si no por el tema del miedo a las alturas, mas exactamente a los precipicios.
Cayo  la tarde, y con ganas de aprovechar el día y el viaje hasta el sur del departamento decidimos seguir hasta Génova, el municipio más apartado del territorio. El camino se me hizo eterno  pero no podíamos devolvernos sin  cumplir muestro cometido, nos tomamos un jugo en una de las cafeterías ubicadas  alrededor de la plaza a fin de refrescarnos y celebrar con mapa en mano el haber cumplido nuestro propósito.

Quindío, la Reserva Natural de Dios. Un destino sin igual, lleno de historias, colores, sabores y aventura que decididamente vale la pena conocer, así que los invito a que visiten  la página  oficial  de las Rutas del Paisaje Cultural Cafetero http://www.rutasdelpaisajeculturalcafetero.com/  donde encontraran  todas las actividades que hay para hacer en la región , y podrán  escoger y planear el viaje que se acomode a sus expectativas, o simplemente pueden arriesgarse a venir a puebliar sin pausa pero sin prisa y enamorarse como yo de cada centímetro de estas bellas tierras cafeteras.

A los que se animen les digo:

¡BIENVENIDOS AL QUINDIO!

Entradas populares