Popayan: Entre puentes e historias - Parte I

Transcurría el 2014 y no se podía acabar el año sin disfrutar de unas, aunque fueran pequeñas vacaciones,  y pese a que en el Eje Cafetero aún me queda mucho por conocer,  la idea era disfrutar esa sensación de libertad que te brinda viajar en moto y por tanto el objetivo era hacer un viaje  medianamente largo. No sé cómo salió a relucir como posible destino, la cuestión es que terminamos planeando el viaje a Popayán, La Ciudad Blanca.
Para mí, que suelo hacer  la tarea juiciosa desde que tengo uso de razón  de alimentar mis  sentidos con las malas, malas y malas noticias  sobre   “accidentes” de tránsito (yo les llamo irresponsabilidad mas bien), robos de motos o autos sea en la vía  o en algún lugar donde se dejen parqueados, me resulta un poco arriesgado el tema de viajar sobre todo en moto y, si a eso le sumamos que cuando mire el mapa de la ruta encontré al lado de la misma nombres de sonados municipios que han sido víctimas del conflicto armado, se me terminaron de aguar las bolis o  sea me desilusione.

Sin embargo, también pensé que siendo el trayecto parte de la Ruta Nacional 25 que atraviesa Colombia  desde Barranquilla hasta el país vecino  Ecuador, algo “segura”  tendría que ser o cuanto menos vigilada y bastante transitada, así que  con ese pensamiento como “gran” aliciente seguí con  los planes de viaje.
En primer lugar, Mr Chente hizo el presupuesto del gasto de  gasolina y la previsión de las paradas para repostar  en el camino (algo fundamental en todo viaje), en segundo lugar nos dimos a la tarea de buscar alojamiento, no queríamos aventurar ya que era una escapada de fin de semana y  el fin era disfrutar el  paseo al máximo así que lo mejor  era ir a la fija con el tema del hotel. Después de mirar y mirar por internet  y no haber decidido donde nos alojaríamos, coincidimos un par de días antes del viaje  con un amigo, al que le consultamos y nos recomendó  el Hotel  MS La Herrería, nos indicó que estaba ubicado en el centro histórico de la ciudad, lo buscamos por internet, estaba a buen precio e hicimos la reserva, una recomendación que agradecí mucho  ya que la atención del hotel fue excelente.

Salimos el sábado 16 de agosto a las 6:00 am, hicimos un par de paradas técnicas en el camino  para abastecernos nosotros, ya que La Feúcha se portó como una princesa. La primera antes de llegar a Cali y la segunda ya en el Cauca,  una hora antes de llegar a Popayán.
Después de aproximadamente 6 horas de recorrido y justo unos kilómetros antes de llegar nos topamos con un trancón por el cierre parcial de la vía ya que estaban haciendo obras. Hasta ahí todo el trayecto fue tranquilo, sin contratiempos, la vía en muy buen estado y perfectamente señalizada, aunque desafortunadamente esto último no fue igual  en el camino de regreso, todos los avisos nos llevaban a Yumbo, terminamos entrando en Cali por error, aprovechamos para  almorzar y  luego tuvimos que atravesar la ciudad  para  salir en dirección a Pereira. L

Por fin en Popayán!!! (Tranquilidad y felicidad unidas de la mano) Recorrimos unas  cuantas calles, algunas en no muy buen estado hasta llegar al centro histórico, lo que compone la “Ciudad Blanca”, ya que Popayán como tal,  obviamente se ha expandido y la modernidad implica multitud de colores; ya en el centro  nos dimos de bruces con las obras supongo de pavimentación (aunque solo vi las calles rotas) que estaban realizando, por lo cual después de 15 minutos en busca de la dirección del hotel y agobiados por la congestión  vehicular, caímos en cuenta que el sentido de la calles había sido cambiado, nos re-ubicamos y logramos llegar.
Suele pasar que después de horas de viaje en moto, lo primero que quieres hacer es dejarla  parqueada y disfrutar de las caminatas a las cuales invita siempre un  nuevo paisaje, así que dejamos la mochila en la habitación, picamos algo, nos tomamos un par de cervezas (pa’ la calo) en el restaurante de hotel,  y de inmediato  empezó el recorrido, no había tiempo que perder.
Esta ciudad fue fundada en 1537 por Sebastián de Belalcázar,  se encuentra ubicada en el valle de Pubenza, entre la Cordillera Occidental y Central al occidente del país, sobre una zona  alto riesgo sísmico por lo cual ha sido azotada por varios terremotos a lo largo de su historia (sin embargo sus casas coloniales se mantienen en pie, mientras que los edificios de construcción moderna se vienen abajo, que cosassss).
Puente del Humilladero
Dado que el hotel estaba justo al lado del Puente del Humilladero empezamos por allí, este puente es considerado la  obra insignia de la ciudad, y de su particular nombre se cuentan toda clase de historias como la que dice que  el puente  fue construido  por  negros esclavos que  fueron humillados y azotados cruelmente durante la ejecución de la obra  y que con la sangre de estos se hizo la mezcla para pegar los ladrillos, por lo que debido a este miserable y cruel destino el puente recibió el nombre del “humilladero”.
Puente De la Custodia o “El puente Chiquito”
La otra historia que escuche fue que se le llama así debido a que por ese puente solo transitaba la clase alta de la sociedad payanesa, mientras los esclavos e indígenas cruzaban el rio pasando por un puente más pequeño llamado “De la Custodia” o “El puente Chiquito” que está justo al lado  del Puente del Humilladero;   y por ultimo está la versión amparada en datos históricos  la cual  relata  que la construcción del puente inicio  en el año de 1868 y fue terminado en 1873 bajo la tutela del Fraile Franciscano Serafín Barbetti, y que su nombre se debe a que en  la entrada norte a la ciudad, en el terreno donde hoy se encuentra la sede del actual Banco de la República en Popayán, culminaba una dura pendiente coronada por una cruz o altar que se ubicaba generalmente en las entradas de las ciudades; como lo mandaba la religiosidad de la época, las personas que coronaban la pendiente muertos de cansancio y con las cargas que traían a la plaza principal se postraban ante el símbolo santo realizando así la acción de arrodillarse o “humillarse” , de ahí que se le bautizara con este nombre.
Sea cual sea la verdadera historia, lo cierto es que este puente  de 12 arcos construido sobre el Rio Molino es sin duda una maravillosa obra de ingeniería que ha resistido los desbordamientos del rio y que no sufrió mayores daños con el devastador terremoto que sacudió la ciudad en 1983.
Después de escuchar historias, cruzar por los puentes y tomar fotografías, decidimos dar la vuelta a la manzana, regresar al hotel a descansar un poco para salir luego por la noche a cenar y seguir disfrutando de la magia de las luces que iluminan las aceras de las casonas coloniales y que de alguna manera te hacen sentir transportado en el tiempo. 

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