Mi primer viaje en moto: Aventura, Sueño o Pesadilla.

Hay cosas en la vida que nunca  imaginas hacer y ni siquiera cuando te descubres haciéndolas lo puedes creer, es como si fuera un sueño y a veces, hasta una pesadilla. Así me paso con mi primer viaje en moto, que  por cierto no era un viaje cualquiera, era además por así decirlo mi viaje de boda; fue una experiencia mitad sueño y mitad pesadilla, pero al final fue, como lo son las cosas buenas: inolvidable.
Apreciar el despertar de los sentidos en unión con la naturaleza y descubrirte minúsculo  ante su imponente belleza,  disfrutar la sensación de libertad que te produce el golpe del viento en el rostro mientras recorres kilómetros y kilómetros  hacia un destino que parece  más que lejano en medio de la inmensidad de las montañas, es algo que estaba fuera del radar de mis sentimientos.

Siempre había visto la moto como un medio de transporte local, pero nunca como una pasión, como una diversión, ni mucho menos como un vehículo en el cual se pudieran realizar viajes largos (al mejor estilo El Renegado, la serie de TV),  hasta que  llegaron a mi vida dos personajes: Mr. Chente , el motero  y la moto, alias La Feucha.
La Feucha. Una TVS Apache RTR  180 cc

Después de un viernes maravilloso y  feliz por mi boda, salimos de Cartagena el sábado 4 de Enero del 2014  a las 3 de la tarde con destino a Pereira; en principio nuestra meta era llegar hasta Planeta Rica en Córdoba, sin embargo nos dieron las 6 de la tarde y apenas íbamos por Sincelejo, pensamos quedarnos allí pero a la entrada de la ciudad no vimos ningún hotel por lo que preferimos salir nuevamente a la carretera y seguir.

Primer susto.
Eran  las 7 de la noche cuando nos acercábamos a Sahagún, de repente un bus interdepartamental nos iluminó las caras al invadir el carril en el que  íbamos,  ¿por qué? No sé, ya que iba sólo en su vía, ni siquiera fue por adelantar a otro carro. En fin,  el cuento es que ahí pase el primer susto  (empezamos bien, como pa’ bajarme ahí mismo y devolverme); para cerrar la noche con broche de oro La Feucha tuvo una falla técnica (pa' mí que estaba cansada y dijo hasta aquí llego yo), se rompió la guaya (cable) del cluth (embrague) con lo cual no se podía cambiar de marchas,  solo se podía acelerar y frenar   durante el recorrido,  en el momento en que se apagara  quedábamos listos pa’ la foto. Por suerte, al entrar en Sahagún  vimos un hotel en el cual nos detuvimos, allí mismo pasamos la noche,  tarifas: $ 50.000  por noche con ventilador o $100.000 con aire acondicionado (Precios Enero 2014); si bien dormir en la costa con aire acondicionado es algo que se agradece, afortunadamente para nuestra economía no estamos acostumbrados a tal comodidad así que dormimos con ventilador. J

Lluvia, lluvia y más lluvia
Al día siguiente arreglamos la moto, salimos de Sahagún a eso de las 8 de la mañana e hicimos parada en Planeta Rica a desayunar, después, emprendimos camino rumbo a Medellín, nuestra próxima escala. La carretera por el departamento de Córdoba fue una gozada, afortunadamente no tuvimos ninguna dificultad. Almorzamos en Taraza, Antioquia y a partir de ese punto empezamos a subir metros sobre el nivel del mar,  el paisaje verde y despejado que nos acompañó durante esa mañana comenzó a desaparecer, la lluvia y la abundante  neblina en el camino no permitían visualizar la carretera, la cual además estaba sin señalizar, ni las líneas en la vía que delimitan los carriles, ni señales de tránsito, ¡ni nada! En medio de esas condiciones anhelaba un lugar donde  detenernos para ponernos los trajes de agua pese a que ya estábamos empapados de pies a cabeza, hasta que por fin encontramos un puesto militar y pudimos parar y  cambiarnos.

A eso de las 5 de la tarde llegamos a Santa Rosa de Osos, por fin volvimos a ver gente y un paradero  donde tomarnos un chocolate  y entrar en calor. Nos quedaba camino por delante y al final nos cogió la noche bajando las curvas de la cordillera hacia el Valle de Aburra, aunque  el viaje había sido considerablemente pesado por las inclemencias del clima, la carretera desde de Santa Rosa de Osos hasta  Medellín fue un aliciente, volvimos a ver señales de tránsito y luces reflectoras en el asfalto. ¡Que tranquilidad!

Alumbrado Navideño  en Medellín es igual a  hoteles llenos.
Por fin llegamos a Medellín, entramos por la Autopista Norte y después de dos horas y media de viaje sin parar nos detuvimos a orillas de la vía a descansar un rato y tomar energías, pero más que energías, moral para seguir (por lo menos yo la necesitaba).
Mi único deseo era encontrar un hotel, buscábamos la vía de ingreso a Itagüí pero no encontrábamos  el camino y el GPS muy querido  no ayudo, después de dar vueltas por fin encontramos  la zona hotelera, y vino lo mejor: era domingo 5 de enero con lunes festivo a bordo, último fin de semana del alumbrado navideño, con lo cual  los hoteles estaban llenos. A la entrada de la ciudad pude ver el alumbrado, realmente es algo que impone pero a mí el cansancio no me dejo apreciar mayor cosa. Ante tal situación no quedo otra sino decidir  entre deambular por la ciudad  en busca de un hotel o  irnos al siguiente pueblo y probar suerte, y aún en contra de mi voluntad (léase primera discusión de recién casados), y debido a que no soy yo quien conduce seguimos el camino hasta Caldas, Antioquia; fueron 30 minutos más  de viaje, 30 minutos más de  angustia pensando en que esa noche no tendríamos un techo bajo el cual dormir!!!

Hotel por hora o por noche.
Entramos a Caldas y mis ojos no veían ningún hotel, ni hostal, ni nada parecido, sentí morir y  entre en pánico; de pronto vi una casa que tenía en la entrada un cartel que decía “Hotel por hora o por noche”, inmediatamente Chente detuvo la moto, baje a preguntar si había habitaciones disponibles y encontré la única y “ultima” habitación disponible en la casa,  sin dudarlo  pague enseguida los $20.000 que me cobraron por la noche sin pensar por un instante ¿ Cómo serán las condiciones de una habitación a ese precio?
Como les dije era la última habitación de la casa, literalmente, ya que estaba ubicada en el patio, la señora muy amable me indicó que si quería verla antes de tomarla ya que no tenía baño privado  pero  había un baño fuera que podíamos utilizar, sin embargo yo pase de todo eso; le pregunte por un parqueadero cerca donde guardar la moto y a la vuelta de la esquina conseguimos uno  cubierto y vigilado, y debo decir que creo que la moto paso esa noche en mejores condiciones que nosotros.
Helados hasta los huesos, llegamos a una habitación pequeña donde apenas había una mesa para acomodar las cosas, las sabanas y cobijas me sembraron la duda respecto a su limpieza  y confieso  (aunque a Chente no le dije nada), vi cruzar una cucaracha por la puerta, pero al final era eso o seguir buscando alojamiento, y de eso ultimo no tenía ni ganas, ni fuerzas. La cereza del pastel la puso el baño,  pasamos a mirar donde nos íbamos a bañar al día siguiente,  pero en las condiciones que estaba la idea de bañarnos se esfumo  rápidamente, y es que  con tanta agua  que habíamos recibido pues…pa’ que mas.
Luego de estar metida en esa vacaloca solo anhelaba  que la noche pasara rápidamente para salir de allí, y como dicen por ahí: ten cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que se haga realidad, tanto lo anhelaba que la noche paso volando. De hecho empezamos el día más temprano  de lo que teníamos  programado ya que las campanas de la iglesia  retumbaron en mis oídos a las 5:30 de la mañana, con apenas un poco de agua que me eche en la cara  salimos del "hotel" a desayunar, cogimos la moto, organizamos las cosas  y seguimos muestro camino.


Más cerca de mi destino
Solo faltaban unas horas para llegar a mi destino: Pereira, a disfrutar de un mes de vacaciones con luna de miel incluida,  al ser lunes festivo y salir tan temprano la carretera estaba despejada y luego de tanta lluvia tuvimos un trayecto de buen viento y buena mar.
Después de 3 horas de viaje y curvas, curvas y más curvas, de subir y bajar montañas por fin llegue al hogar dulce hogar,  por segunda vez en Pereira, y he de decir  que si bien la llegada  no se compara con la primera de la cual les contaré después, el camino hizo de esta segunda visita  una experiencia memorable.

Si algún día alguien me hubiera dicho que haría un viaje así, mi mente jamás hubiera tenido la capacidad de recrear  tanta tortura, por decirlo de alguna manera. Sin embargo, puedo decir que  mi primer viaje en moto fue algo inolvidable, más que por el contexto y los mil y un inconvenientes, lo fue, por la sensación liberadora de prejuicios respecto a viajar en moto, respecto a viajar por las carreteras de Colombia, las cuales no son las mejores pero no por eso nos tenemos que reprimir de vivir y disfrutar; respecto a comer o dormir en X o Y lugar, ya que hay veces donde no hay de donde escoger.
Un viaje que marco para mí  el despertar de los sentidos y de las ganas de seguir viajando así, sin calma pero sin prisa, aprendiendo de lo no tan bueno que así es nuestro viaje por la vida, condicionado por circunstancias que no podemos controlar, pero sobre todo disfrutando de todas las cosas maravillosas que nos ofrece el camino.

¡Feliz viaje por la vida a todos!

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