¡Amigo, una requisa!

El semáforo se pone en rojo y nos detenemos, escucho esas palabras y busco de donde vienen, observo de repente dos policías cruzando la calle por en medio de los carros, miro a mi derecha y veo un hombre que camina tranquilamente por la acera , viste pantaloneta y camiseta (esqueleto) de color negro, calza unas deportivas blancas, lleva un cigarrillo detrás de su oreja derecha y, aunque su aspecto no es el más saludable a primera vista, no te genera impresión de peligro o que  debas cruzar la calle rápidamente o peor aún salir corriendo. En su mano izquierda lleva una bolsa mediana de color negro cargada al hombro, Chente mira la escena y comenta “ese ya está acostumbrado a espatarrarse” al ver la actitud de aquel hombre que sin reparos coloca la bolsa en el suelo y se apoya contra la pared sin ningún inconveniente, como aquel para quien ese tipo de situaciones son comunes y corrientes.
El policía que le hablo lo catea de brazos a piernas , asumo,-por el tipo de ropa ligera que lleva- que difícilmente porte algún arma;  el otro policía señala la bolsa que el hombre previamente ha colocado en el suelo, y mientras le pregunta que lleva allí, el sujeto le responde, aunque no escuche lo que decía, con sus gestos manifiesta  que va para allí mismo, indicando al otro lado de la calle a la vez que se agacha para mostrar lo que lleva dentro de la bolsa; saca un buzo de color azul eléctrico que lleva envuelto, luego procede a sacar lo que se supone es alguna otra pieza de ropa, de repente el segundo policía que le miraba desempacar lo que tenía en la  bolsa se agacha rápidamente y saca de  esta un revolver, mientras su compañero sujeta al hombre por las manos.
El semáforo cambia y Chente no se entera de nada, yo sigo con la mirada fija hacia esa escena, pero nos alejamos, y solo veo a la gente alrededor que observa, creo yo que sorprendida, aunque puede que la sorprendida solo sea yo.
Por un momento pienso que puede ser un arma de juguete, pero… ¿qué hace una persona con un arma de juguete envuelta entre ropas paseando un sábado a las 4 de la tarde por la calle?
No Grace, no era una un arma de juguete, era de verdad.
Y así, yo que de por si soy medio  neurasténica cuando camino por las calles (sobretodo si hay multitud), voy más alerta que nunca, mirando a todos lados, desconfiando de todo y de todos, sujetando  mi bolso,  intentando hacerlo parte inamovible de mi cuerpo, y pensando: que es lo que somos, que nos hemos hecho, hasta cuándo?

¿Hasta cuándo en Colombia viviremos así, a merced de la inseguridad?

A merced de la muerte a la vuelta  de cualquier esquina… L

Modo: Abrumada.

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